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Diálogos con la Muerte 01

"Hola" dijo con su suave voz "Hace cuanto de nuestro último encuentro" pregunté "toda una vida" agregó con una sonrisa #DiálogosConLaMuerte

Fue una noche oscura de invierno, lo recuerdo bien, el frío calaba hasta los huesos, es imposible olvidar ese frío como miles de agujas encajándose en cada centímetro de tu piel, temblaba a más no poder, pero era inútil todos mis compañeros yacían a mi lado inertes, congelados, la muerte ya se los había llevado, y no era para menos, la carpa de manta a duras penas y se detenía del embate del helado aire, nuestros abrigos no nos resguardaban del intensivo clima, mis manos estaban entumidas, mis pies dentro de las botas seguramente eran ya material gangrenado, mi nariz y orejas de no ser por la bufanda que las cubría seguramente se habrían desprendido ya.

-Estás tardando sabes

Grite a la nada, pero yo sabía para quien iban esas palabras, pero no sabía si aún estaba ahí. Tenía 21 años, era un soldado como muchos otros, que solamente seguía órdenes, pero eso ya no importaba, el invierno arrasó con todos.

-Date prisa quieres, me estoy congelando

Dije ahora tan suave que a penas y se podía escuchar, entonces frente a mi un fuego se prendió, el frio paró, el aire se detuvo, todo quedó en calma.

-ya era hora

Contesté extendiendo mis manos hacía el fuego cálido, al poco rato, ya no me fueron necesarias las ropas pesadas, no me atrevía a mirar más lejos de la carpa, de ninguna manera saldría, pues sabía exactamente donde estaba.

-lamento haberte hecho esperar.

Su voz retumbó en mis oídos, estaba igual que la última vez que la escuche, suave, tenebrosa y a la vez tan atrayente.

-Soy tiempos difíciles, tengo mucho trabajo

Agregó, ya entrado en calor pude reír suavemente.

-Lo sé tan sólo aquí te has llevado a 7 en menos de una hora

Comenté refiriéndome a mis compañeros caídos, sus cuerpos seguían ahí como si durmieran

-¿No vas a salir?

Cuestionó, suspire, miré la puerta de la tienda desde donde emanaba su voz, él estaba afuera esperándome.

-Dame un momento más, quiero disfrutar el fuego un rato

Pude escuchar como rió con mis palabras, ambos estábamos ahí como en muchas otras ocasiones, como viejos amigos.

-Por qué no entras tú, te caerá bien el calor

comenté aún sabiendo que eso a él no le importaba, pero aún así abrió la tienda y un rayo de luz me dejó ciego, ya no estaba en medio de la inmensidad blanca de la tormenta, la tienda, mis compañeros, y yo estábamos en medio de un prado verde, él estaba ahí al filo de la tienda, extendiendo su mano, me acerqué con cautela, pude sentir su huesudas mano tomar la mía, una vez que mis ojos se acostumbraron a la luz pude ver a mis compatriotas jugando a lo lejos con unas jóvenes, como si fuera cualquier verano del mediterráneo.

-Quieres ir con ellos?

Preguntó él viendo como les sonreí, me daba gusto saber que ahora estarían bien, los últimos meses habían sido terribles, la gente muerta, nuestros compañeros cayendo de cansancio, los breves y mortales enfrentamientos, el hambre y las enfermedades, pero ahora estaban felices, despreocupados y tranquilos.

-No, tú y yo tenemos un trato

Respondí, el me miró como un niño cuando ha sido descubierto en una fechoría.

-claro, el trato...

Se detuvo un segundo fingiendo que estaba recordando ese antiguo acuerdo.

-bien, quieres que caminemos un rato o te tienes que ir

Agregó con una sonrisa encantadora

-caminemos

Respondí, pero antes me quité mis pesadas botas y liberé mis pies, fue tan rico volver a sentir mis dedos, ver la piel blanca, moverme con libertad. Empezamos a caminar y pude sentir el pasto fresco, el aire suave y cálido en mis mejillas, él mientras me contaba de sus más memorables encuentros, brujas, demonios, uno que otro deux, y cientos de miles de millones de mortales, claro que no me los contaba todos, sólo algunos.

-Este año hubo más que en anteriores?

Pregunté conociendo la situación mundial de aquellos años, la guerra, las muertes.

-Si...

contestó, trago algo de saliva y continuó.

-Si, cada año hay más, porque cada año son más de ustedes, para mi todo sigue siendo igual hay quienes mueren, hay quienes viven, en ocasiones mueren menos porque nacen menos, en otras mueren más porque nacen más, llegará un tiempo en que nacerán más y morirán menos, pero al final todos mueren.

Lo dijo con una paz que sólo daría la resignación, le tomé del hombro y le miré fijamente.

-Yo no

Rió como pocas veces lo han escuchado reír, una risa alegre.

-No amigo, tú mueres, la diferencia es que mueres muchas veces

sus ojos se fijaron en los míos, sabíamos que no teníamos más tiempo, en un segundo el calor desapareció y pude sentir de nuevo el frío invierno, mi pecho me dolía, pero no podía moverme, ya era tiempo.

-Adiós

Me dijo al oído y yo trate de contestarle, pero era tarde, mi corazón se detuvo a las 0 horas con 43 minutos del 27 de Noviembre de 1812

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