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En el metro.

Cada mañana es la misma rutina, salir de la casa tomar el microbús que te lleva hasta la puerta misma del Metro. Cada quién crea sus estrategias para sobrevivir a esta maravilla del transporte; que pese a sus múltiples fallas lleva a miles de personas de una lado a otro.

Para Railer su meta es sobrevivir, sin estresarse, sin amontonarse y aun así llegando a tiempo a su destino; cada mañana confía que 15min extra le serán suficientes para sortear los obstáculos, aunque sabe que en ocasiones alguien puede decidir terminar con su vida fregando la de todos los demás, pero es un riesgo ocasional, de ahí en fuera el tiempo es suficiente para compensar la pérdida de un tren por la cantidad de gente, o el avance lento del vagón.

Al llegar toma su derecha en la taquilla, por la hora el lado izquierdo es de las damas y menores… o al menos eso se supondría; el demonio, perdón el chico ve con desagrado a los varones que en plena adolescencia o más grandes se cruzan al otro lado desobedeciendo la normativa, suspira profundo y continúa con su viaje.

El primer paso es analizar la cantidad de personas, determinar donde se empujarán menos y escoger una puerta que estadísticamente oponga menor cantidad de viajeros… cada vez es una tarea más complicada, pero hay algunas veces en las que se puede dar incluso el lujo de escoger a algún chico guapo como su compañero de viaje.

-Si me van a arrimar a alguien al menos que esté guapo

Es lo que dice cuando le preguntan sobre esa táctica y la verdad un par de veces incluso ha terminado con algún número de contacto o de perdida una sonrisa pícara de complicidad; son muchas las historias pecaminosas que el metro podría contar, pero son sus historias y pocos sabrán de ellas y algunos creerán que sólo son un rumor.

Tras escoger el mejor vagón hay que esperar a que arribe, este paso conlleva que al entrar el tren hay que observar si no hay más posibilidades en algunos de los que van antes, por lo que se requiere observar con detenimiento. Al demonio se le facilita, pese a su vista humana limitada, sus ojos miran rápido el contenido del vagón, la cantidad de almas, la calidad de las mismas, y así decide si avanzar o quedarse ahí y esperar a que se abran las puertas.

Una vez abiertas hay que escurrirse en el interior, hasta un lugar no lejano de la otra puerta ya que debe bajar 4 estaciones después, pero si lo suficiente para evitar los empujones cuando va lleno y por la civilidad de no estorbar a los que bajen o suban antes de su destino, una vez dentro hay que ocupar la mente si uno va de pie, si va sentado entonces se saca un libro, pero la verdad es rara la ocasión que dicho milagro se presenta, así que Railer voltea a su alrededor, si escogió compañero de viaje puede dedicarse a la contemplación o incluso seducción del mortal, viendo sus imperfecciones que le parecen fascinantes, los lunares, cicatrices, arrugas, manchas, y de más cuestiones de la piel de los hombres. Si no hay alguien que sea de su agrado inventará historias interesantes para cada viajero, como que son comerciantes o vienen de lugares distantes de la república a buscar mejor suerte, lo que sea para evitar el tedio.

Tras analizar, y jugar con las vidas de los hombres y mujeres, una estación antes de bajar el demonio suspira pues es la parte más pesada del viaje, colocarse detrás de alguien que sirva de un escudo humano y nunca delante de alguien que lo empuje a la hora de salir; eso último es lo más complicado sobre todo cuando el vagón va hasta el tope.

Al abrirse la puerta todo es cuestión de segundos, muchas veces sólo hay que esperar a que el rio de gente te indique la ruta, en otras hay que quitarse de su paso para evitar ser aplastado por ella, y en algunas puede darse hasta el lujo de dejar que lo circunden en su flujo indetenible, mientras él contempla lo absurdo de la humanidad a un paso lento como quien sabe que todo el tiempo es relativo.


Finalmente ha llegado a su destino, sale de la estación a su ritmo, respirando y mirando a su alrededor, llega a la parada del microbús que lo conducirá al final del viaje.

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