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Mostrando entradas de septiembre, 2014

En el Metro...

Son cientos las personas que pasan a diario por sus andenes y sus trenes, millones diría yo, de ida y de regreso, es el sistema circulatorio de esta ciudad llena de humanos, llena de ruidos y llena de historias. Hay gente que transcurre horas enteras dentro de sus intrincados túneles, son cientos de miles los pensamientos que se aglomeran en sus entrañas, es el tiempo perfecto para pensar, para que los demonios de tu mente te consuman, o para que los sueños más hermosos se construyan.

Alfredo tenía 35 años y una vida usando el metro, todos los días la misma rutina, bajaba a las entrañas de la tierra y se dejaba conducir por el tumulto de gente hacia la misma dirección, abordaba el vagón sobresaturado en el cual ni una sola alma más podría entrar, ahí en medio; entre brazos, espaldas, piernas y otras partes del cuerpo que sudorosas se frotaban en el vaivén del tren de acero, Alfredo tuvo su más grande idea, mientras maldecía el tener que cada día tomar el metro y a la gente que le rode…

Let (2)

-Hola, ¿ya es hora?- cuestionó el joven de 15 años de edad, hermosos ojos marrón, piel blanca, cabellos cenizos, y cuerpo delgado y elegante, sostenía en su mano derecha una canasta con frutos, venía del monte que quedaba cerca de su casa, sonreía sintiendo la presencia e inexistencia de aquel que acababa de posicionarse a su lado.

-No sólo he venido a visitar- fue la respuesta de aquella suave voz, una voz lejana pero tan presente que era imposible no reconocerla sin importar si nunca la habías escuchado, el chico la oyó como un susurro en su oído, como si un par de sensuales labios se hubieran acercado a besar su oído.

-bien- agregó el joven deteniendo su paso y volteando a ambos lados de la calle, era temprano serían las tres de la tarde cuando mucho, el sol brillaba detrás de la ligera capa de nubes blancas que cubrían el cielo, era un día nublado pero no triste, era cálido, casi alegre, aun así la calle estaba vacía y no se veía ni un alma, así que tomando un rostro inexistente e…

Caminar

Me encanta ver andar a los mortales, caminando incansables, siempre hacia "delante", su delante, avanzando presurosos, sin detenerse, todos quieren llegar a su destino y para ello son capaces de pasar incluso sobre de otros en su caminar.
Llevan prisa, siempre, siempre llevan prisa, no quieren quedarse atrás, cada paso es una lucha por no ser superado, por no ser alcanzado por el tiempo que les ha dado una vida entera de ventaja. A mí me divierte verlos en su persecución sin sentido, en su caminar constante, yo no tengo prisa, puedo darme el lujo de observar y caminar con calma pues sé que el tiempo es una mentira que les han contado, sé que la muerte no anda tras de mí, sino que camina a mi lado como mi compañera.
Algunos humanos corren, otros caminan, otros se mueven lento pues sus pies no les permiten ir más rápido, pocos se detienen a contemplar, son pocos los que de momento se dan cuenta que el viaje puede ser tan bellos; o incluso más bello, que el destino, esos pocos…

Let

Let siempre se presentó ante mí de una manera agradable, en toda mi existencia no he tenido una muerte de la cual deba temer, todas fueron tranquilas al final, y todo fue porqué era él quien me recibía.
Sus ojos son rojos como el fuego del infierno y aun así son cálidos y tranquilizadores, en ellos no vez el reflejo de su alma como sucede en los ojos de todos los demás, en ellos te ves a ti mismo, tal como eres, sin mentiras y sin egos, sólo como un mortal y eso me tranquiliza.
-Ya es hora- su voz es suave como un susurro, dice que siempre avisa de su llegada y el incauto siente un cosquilleo en la columna o hay quien incluso siente su cálido aliento, conmigo es diferente, conmigo se toma el tiempo para que platiquemos e incluso en ocasiones hasta para hacer cosas más complejas, en esta ocasión no es diferente, su suave mano blanca como la nieve se ha posado en mi hombro y una sonrisa se ha dibujado en mi rostro.
-llegas tarde- le contestó con ironía, todos podemos atrasarnos, except…

Secretos y Estrellas

Su mirada estaba perdida en el vacío de la ventana, miraba sin ver nada realmente, sólo lo hacía para no tener que ver a todos los que estaban ahí reunidos, era una reunión acogedora, la familia, los amigos, las risas, las historias que se contaban por montones mientras la comida y la bebida daban vueltas de mano en mano, cualquiera sería feliz al convivir de dicha manera, cualquier menos él... al menos menos en ese momento.

-¿Estás bien?- cuestionó su primo colocándole la mano en e hombro para que volteara, era el único que se había percatado de la mirada ausente del joven de castaños cabellos, Alexander era diferente a toda su familia, era el único castaño y el único de ojos verdes, todos los demás tenías ojos azul profundo y cabello tan rubio como la luz del sol, Alex no, su padre no le conocía y su madre era la hija menor de la abuela, una mujer agradable pero con una mirada triste, tan triste como la de Alex en ese momento.

-Nada- contestó con una sonrisa fingida, el primo no que…

Miradas que Matan

Sus ojos castaño intenso te miraban sin verte, como si no estuvieras ahí, te atravesaban dejándote en la inexistencia, no conozco ningún hombre que soportara su mirada, la mayoría ante el primer contacto huía despavorido, muchos habían intentado acercarse pero la rudeza de esos ojos te lo impedían, y no porque fueran agresivos o porque sus gestos demostraran asco o repudio, simplemente no había humano que soportara el vacío con el que te miraban.
Su nombre nadie lo sabe, nadie se ha acercado lo suficiente para preguntarlo, sólo sabemos que cada viernes llega al mismo lugar del bar, ya no es necesario que pida, el barman conoce bien lo que la dama quiere, un Martini dulce con dos cerezas. Todas las noches del viernes es la misma rutina, entre las 9:00 y 9:15 entra al bar, los ojos de los hombres voltean a verla, su elegante caminar es seductor, su porte es divino, su piernas bien torneadas envueltas en las medias oscuras son caminos seductores detenidos por su vestido negro ceñido, lo…

Debraye Ruido y Demás

En ocasiones todos necesitamos 5min de desconectarnos del mundo... yo más frecuentemente que los demás, la humanidad en su conjunto y esta sociedad me resultan enfermantes, si no fuera por otras patologías que me estabilizan ya los hubiera volado a todos por los cielos... pero el caso es que estoy aquí viviendo una vida como la de todos los demás.

Algo que me ayuda a sobrellevar la convivencia humana es el silencio, cosa rara cuando estás rodeado de gente, así que la otra alternativa es la música, unos audífonos y rainymood.com , en ocasiones que lo último es suficiente, amo el ruido blanco, antes oía estática...

https://www.youtube.com/watch?v=qLeEh-wIOAY
En ese vínculo hay 10h de estática ininterrumpida, esa grabación ha salvado cientos de vidas y le ha ahorrado mucho trabajo a mi abogado, pero me gusta más el ruido de la lluvia, el agua y yo nos llevamos muy bien (siempre y  cuando no me moje), me gusta escuchar el sonido del agua, y me encanta sumergirme en una alberca y escucharlo…

Ejercicios de escritura (John Lluvia).

Como ya he mencionado hasta el cansancio estoy en un reto en el cual debo escribir 250 palabras diarias, la idea es ir adquiriendo fluidez y la costumbre de la escritura para que cuando termine de leer los libros que requiero, escribir mi propia novela sea más fácil.
Escribir no me es muy complicado pero siempre uno se topa con el problema de "Acerca de qué escribir", bueno por suerte para mí la solución me la dio el botón de aleatorio de Wikipedia. Al hacer clic en el botón te manda a un artículo al azar y basado en ese artículo escribo algo, lo que se vaya viniendo a la cabeza, ya sea una historia corta, algo más largo o sólo platicar sobre el tema.
La idea me vino cuando jugando un día basta, para evitarnos la problemática de contar letras, hacíamos que Excel nos diera una letra al azar y así empezábamos a trabajar, eso fue hace como 10 o más años, pensé en hacer lo mismo para la escritura, hacer una lista de temas y que Excel me diera uno al azar... pero la verdad no te…

Frío

La noche era helada como muchas serían a partir de ese día, el invierno empezaba a azotar a la ciudad y este año parecía ser imparable. Railer tenía los dedos de sus manos congelados, pero prefería sentir el aire helado quemarle la piel a usar los guantes de lana que para él eran la cosa más molesta que existía en la tierra, la única razón por la que los llevaba dentro del bolsillo del abrigo era porque su madre había insistido tanto que era imposible negarse, su mejillas resguardadas por la bufanda de color gris estaban más cálidas.
Cualquier otro hubiera preferido quedarse en casa esa helada noche, pero a Railer la ansiedad de verlo lo había hecho moverse, pese al frío pese, se colocó las botas negras, el pantalón de pana, un suéter de alpaca, y encima de este el abrigo del abuelo, un abrigo pesado pero que era capaz de calentar hasta al hombre más insensible, armado con una bufanda y una gorra que cubría sus rojos cabellos, se había aventurado a las fauces del recién llegado invie…