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Let (2)

-Hola, ¿ya es hora?- cuestionó el joven de 15 años de edad, hermosos ojos marrón, piel blanca, cabellos cenizos, y cuerpo delgado y elegante, sostenía en su mano derecha una canasta con frutos, venía del monte que quedaba cerca de su casa, sonreía sintiendo la presencia e inexistencia de aquel que acababa de posicionarse a su lado.

-No sólo he venido a visitar- fue la respuesta de aquella suave voz, una voz lejana pero tan presente que era imposible no reconocerla sin importar si nunca la habías escuchado, el chico la oyó como un susurro en su oído, como si un par de sensuales labios se hubieran acercado a besar su oído.

-bien- agregó el joven deteniendo su paso y volteando a ambos lados de la calle, era temprano serían las tres de la tarde cuando mucho, el sol brillaba detrás de la ligera capa de nubes blancas que cubrían el cielo, era un día nublado pero no triste, era cálido, casi alegre, aun así la calle estaba vacía y no se veía ni un alma, así que tomando un rostro inexistente el joven lo acercó a sus labios y le beso con suavidad, un beso corto e infantil, pero tan profundo como es besar a la muerte, de la nada y como si fuera magia el cuerpo se dibujó entre sus manos apareciendo poco a poco, un joven de más o menos su misma edad, ojos grises y apagados, cabello blanco y una piel que jamás había sido tocada por rayo de sol alguno, fue un segundo cuando el otro ya estaba ahí desnudo con su delgado cuerpo al aire, ligeramente más alto que aquel que le había robado el beso.

-Te extrañe Let- dijo el joven de cabellos castaños con una sonrisa en los labios, ahora le tomó de la mano y empezó a caminar con el otro chico desnudo a su lado, como si fuera lo más normal del mundo, al cruzar la calle una pareja pasó pero ella tampoco hizo mayor aspaviento ante la desnudez del otro joven cuya piel blanca era tan pura como el manto de una virgen.

-me siento apenado- dijo Let bajando su rostro y tiñendo sus nuevas mejillas de un rojo intenso, el joven rio suave ante esas palabras -no te preocupes- dijo con tranquilidad -los mortales están hechos para olvidarte, para no verte pasar a su lado y no notarte- esas palabras no disminuyeron su pena, pero le recordaron que pese a tener cuerpo seguía siendo lo que era, una fuerza indomable, un ser intangible pero tan real como ese cuerpo que ahora poseía.

-volveré a ser lo de antes- cuestionó sin hacer pregunta, más bien así lo deseaba, pero su compañero negó en silencio -a partir de ahora eres más como yo- dijo con cierta nostalgia, siempre había apreciado a su compañero y al compañero de todos, pero por primera vez había tenido la necesidad de darle un cuerpo de sentirlo tangible, tal vez era el reflejo de su nueva condición de hombre, el sentirse solo es normal entre los mortales, ahora él compartía esa condición y tal fue por eso que revistió a aquella esencia intangible con pieles de hombre ahora eres un viajero disfrazado- agregó con cierta melancolía, tal vez había sido el acto más egoísta de toda su existencia pero pese a ello no dejaba su sonrisa ante la travesura hecha a su compañero.

-Ellos te olvidarán, tal vez uno u otro se den cuenta de tu presencia, pero generalmente será cuando ya sea tarde para contarle a alguien sobre tus hermosos y opacos ojos que reflejan las almas y te dejan ver quién eres en verdad- terminó de explicar cómo quien explica cualquier detalle cotidiano, tal vez en forma de consuelo, aunque Let no se sentía consolado en lo absoluto; le agradaba su nueva forma pero prefería andar de un lado al otro como un pensamiento o como un suspiro; el otro notó este ligero desdén, pero decidió ignorarlo en cambio empezó a platicar de la vida y de los hombres, indagando con su compañero cuantos morirían esa noche por su ausencia o cuantos por su presencia, fue una larga platica que duró tres largos días, días de gozo entre los jóvenes quienes experimentaban con el nuevo cuerpo recién creado, no era como los de los hombres, no se enfriaba o calentaba con el clima, podía sentir todo menos molestia o dolor, sabía que hacía frío o calor en el día o en la noche, pero esto jamás le molestó, al contrario le maravilló el mar de sensaciones, el saber que se sentía besar, que se sentía acariciar, como se sentía el mundo y descubrir miles de cosas nuevas jamás experimentadas por alguien como él, pero los días terminaron y al final Let tomó su camino y el joven de cabellos castaños vivió su vida no se volvieron a ver hasta muchos años después cuando Let como cada vida cumplía con su cita marcada y lo recogía para volverlo a llevar con Vita para volver a iniciar como llevaban haciéndolo durante siglos.

-Adiós Let- se despidió al acostarse juntos en la oscura noche del tercer día, él sabía que la él ya no estaría a su lado al despertar la próxima mañana; la vecina que agonizaba se lo decía con su tos ahogada, el dolor que le carcomía el pecho o su inusual fiebre. No quedaba hombre o mujer vivo en el pueblo, todos habían sucumbido a la peste y él sabía que esa noche la muerte partiría a otro pueblo y él hacia el sur para buscar un mejor lugar para vivir lo que quedaba de su vida -Buenas noches Evan- fue la respuesta de la muerte quien besó su frente, el chico cerro sus ojos marrones y se quedó dormido, la muerte tomó una túnica negra tan común en esa época para cubrir su cuerpo pálido y delgado. Se fue con las tinieblas de la noche a recorrer el mundo, sabiendo que regresaría a la cita pendiente dentro de veinte años exactos de esa fecha.

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