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Secretos y Estrellas

Su mirada estaba perdida en el vacío de la ventana, miraba sin ver nada realmente, sólo lo hacía para no tener que ver a todos los que estaban ahí reunidos, era una reunión acogedora, la familia, los amigos, las risas, las historias que se contaban por montones mientras la comida y la bebida daban vueltas de mano en mano, cualquiera sería feliz al convivir de dicha manera, cualquier menos él... al menos menos en ese momento.

-¿Estás bien?- cuestionó su primo colocándole la mano en e hombro para que volteara, era el único que se había percatado de la mirada ausente del joven de castaños cabellos, Alexander era diferente a toda su familia, era el único castaño y el único de ojos verdes, todos los demás tenías ojos azul profundo y cabello tan rubio como la luz del sol, Alex no, su padre no le conocía y su madre era la hija menor de la abuela, una mujer agradable pero con una mirada triste, tan triste como la de Alex en ese momento.

-Nada- contestó con una sonrisa fingida, el primo no quedó contento con la respuesta, Alex no era de los que se aislaban, era de los que conviven, hacían bromas y chistes, era un chico alegre, no entendía porque esa tarde era diferente.

-Vamos no mientas, somos amigos a demás de primos- la sonrisa de comprensión de su primo produjo que los sentimientos que estaba ocultando salieran por un segundo, una lágrima se juntó en su ojo, una lágrima que se apresuró a limpiar.

-Ven vamos por cigarros- Dijo Eliud; el primo de Alex, al entender que lo que fuera que afligía al joven no era algo que deseaba se supiera. Eliud era cuatro años mayor que Alex, tenía el cuerpo formado por el ejercicio y una sonrisa que a propios y extraños les parecía encantadora, sus ojos eran azul marino como los de toda la familia y su piel estaba algo dorada por el sol pero seguía siendo de una claridad encantadora. Alex por el contrario era delgado, su piel era pálida como una hoja de papel, solo adornada por algunas pecas sobre sus mejillas y nariz que le daban un toque pícaro a su angelical rostro.

-Ahora si, cuéntame- Eliud detuvo el paso cuando ya estaban lo suficientemente lejos de la casa como para que nadie interviniera, Alex le miró, y empezó a llorar desconsoladamente, lágrimas brotaron de sus ojos en un mar interminable, el rubio le abrazó con fuerza, le partía el corazón verle así, no dijo nada, dejó que su primo llorara entre sus brazos como si fuera un niño de 5 años y no el adolescente de 15 que en realidad era, lloró hasta que no quedaron más lágrimas, hasta que sólo quedaban sollozos infantiles llenos de sentimiento. Eliud se preguntaba que habría pasado para que Alex estuviera así, como nunca lo había visto en su vida, Alex era un líder, un chico atrevido, un chico alegre. Cuando los sollozos se calmaron y Alex levantó de nuevo el rostro le cuestionó.

-¿Quieres contarme?- Alex afirmó en silencio, el sol se ponía sobre los edificios, sus rayos rojos daban un color intenso a todo, creando una atmósfera de tranquilidad que envolvía todas las cosas, hasta las aves estaban tranquilas sin hacer ruido, ellos se sentaron en la acera de la calle donde no pasaba carro alguno, todo estaba quieto, tal vez demasiado, el viento, los carros, las personas, los pájaros, el tiempo, era como si el mundo entero supiera que los jóvenes requerían de paz para platicar. Pasó casi un minuto y nadie había dicho nada, Eliud empezaba a impacientarse, pero sabía que Alex requería aclarar sus ideas, ya que un sentimiento tan fuerte como el que había expresado en su llanto seguramente era difícil de poner en palabras que limitan las cosas y para desgracia las hacen reales.

-Mi novio a muerto- finalmente y después del largo silencio Alex dijo una verdad sumamente incomoda, Eliud no sabía que Alex tenía novio, no sabía que Alex fuera gay, pero más haya de eso sabía lo que era perder a alguien en las manos de la muerte; hace ya más de cinco años Eliud había perdido a su hermano menor quien se había suicidado sin nunca revelar la causa.

-Dios- fue lo  único que pudo decir, en parte porque el sabía lo hueco que suena el típico "lo siento" y en parte porque no sabía que más contestar, Alex empezó a contar todo lo sucedido, de como había conocido a aquel chico, como se habían dado las cosas, como se había enamorado de otro hombre, la confusión que pasó hasta que lo acepto, como se hicieron novios, lo mucho que se amaron y como había terminado todo en un trágico accidente hace una semana exacta de aquella fecha. Eliud escuchó con atención cada palabra, siempre viendo a los ojos de su primo que se iluminaban y se entristecían con el relato, nunca comentó nada, ni siquiera para aclarar alguna duda, sólo escuchaba con atención a su primo, como si quisiera guardar cada letra, cada palabra y cada gesto en su memoria. Cuando Alex terminó de hablar y quedó en su sepulcral silencio, Eliud le recargó en su hombro y ambos miraron las estrellas que habían salido en esa noche en la que se internaban, las estrellas brillaban en el firmamento hermosas como si fueran diamantes relucientes.

-Ves esa estrella- Dijo Eliud señalando una cercana a la luna, era pequeña pero brillante, Alex la ubicó con facilidad.

-Es mi hermano- agregó el joven, y por un instante ambos se supieron cómplices en el dolor -tu novio puede ser la que está a su derecha- Agregó el mayor y ambos se vieron con una melancólica sonrisa, a partir de ese día fueron compañeros de dichas y penas.

-¿Dónde andan?- la voz preocupada de su tía los distrajo de su tranquilidad, ambos se pusieron de pie con un fuerte suspiro, habían estado horas fuera de la casa y los demás habían notado su ausencia por lo que salieron a buscarlos. Ambos primos regresaron ya más tranquilos, compartieron en la fiesta como si nada hubiera pasado, sabiendo que ambos tenían ahora a alguien para compartir su dolor, para decir lo que sentían, para comentar sin temor a ser juzgados.

La noche continuó tranquila mientras en el cielo las estrellas brillaban observándolos a todos, viendo el ir y venir de los hombres, para ellas ese minuto en el que las penas y los corazones se abren dura más que lo que duran las civilizaciones y las ideas, para ellas cuando dos corazones laten al mismo tono es un espectáculo maravilloso, que ven desde las alturas y disfrutan como ningún otro, porque ellas creen que en esos instantes una estrella que muere a vuelto a nacer en la tierra.

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