Ir al contenido principal

Éxodo (Prólogo)

Sus ropas estaban bañadas en sangre, la cabeza aún le daba vueltas, el dolor era constante y parecía no detenerse, había perdido mucha sangre y mucha energía en mantenerse vivo. Deambulaba por las calles oscurecidas de la ciudad, los barrios bajos.

-resiste- se dijo a si mismo mientras caminaba zigzagueando por la calle, golpeando la pared y sosteniéndose de los carros y postes a su alcance. La noche cubría su condición y disimulaba la sangre que dejaba a su paso. Un callejón le ofrecía un refugio en lo que se recuperaba por completo. Recargado en la pared de ladrillo miró al lejano cielo cubierto por las nubes que reflejaban la luz de la ciudad. Respirar le costaba trabajo, tal vez por la bala aún alojada en su pecho, le habían disparado tres veces.

Estaba en casa como cualquier otra noche, parecía una velada tranquila con su esposa cuando alguien toco a la puerta.

-Elizabeth- el nombre de su esposa vino a su mente en cuanto trató de organizar las ideas. Él se había levantado para abrir al extraño visitante, la hora inquietaba; pero la seguridad del edificio residencial había roto cualquier sospecha hace mucho tiempo, "Algún vecino" pensó cuando caminaba hacía la blanca puerta de madera haciendo caso omiso a la preocupación por la hora. Giró la perilla sin ver por el ojal.

-Diga- fue lo único que pudo decir antes de sentir el dolor y caer contra la pared a su espalda, alcanzó a escuchar los gritos de su mujer desde la sala, pero su cuerpo no respondía, luego vinieron los otros dos disparos, uno en el pecho y otro en su abdomen. Lo dieron por muerto.

-Elizabeth- Un segundo llamado salió de su boca casi como un susurro; inútil en la inmensidad de la noche. No sabía dónde estaba, fue un reflejo, en un segundo había dejado su hogar y se había tele-transportado a esas oscuras calles y callejones. Seguramente algún recuerdo de su confundido cerebro lo había llevado ahí; al menos de la parte que no estaba embarrada en la pared de su recibidor.

Fueron tres disparos, uno en el pecho, uno en el abdomen y el primero entró por su ojo izquierdo y le desbarató la mitad del cráneo, la pared tras de él quedó manchada en sangre, trozos de cráneo y cerebro.

Eran 3 los agresores, el primero y segundo saltaron su cuerpo y se dirigieron hacia donde estaba su esposa, el último le dio los otros dos tiros.

-Elizabeth- El dolor aún lo invadía, su rostro se reconstruía lentamente y sus heridas curaban pero su mente estaba bastante confusa. Se recostó, mejor dicho se dejó caer en el suelo, estaba mareado, confundido. Recuerdos lejanos, cercanos y futuros se mezclaban en su mente, y sólo podía recordar una cosa con certeza, el nombre de su esposa, no sabía nada más, no podía configurar la ideas, no tenía la capacidad de saber más.

-Elizabeth- dijo por última vez antes de desfallecer cansado, desangrado, derrotado, pero aún vivo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sentidos

El dolor en el pecho se intensifica con cada respiración, es como un suave ardor que se propaga lentamente. Con cada exhalación es como si una flama se propagara por todo el pecho y con casa inspiración se contrajera sólo para volverse a propagar.

Lenta agonía. Respirar se dificulta mientras el tiempo pasa. Pronto ya no sólo cuesta trabajo introducir el aire a los pulmones, también cuesta el retenerlo ahí lo suficiente. La tos invade el cuerpo haciendo más complicada la faena.

Se siente frío, un frío incontrolable. Poco a poco el cuerpo empieza a temblar sin detenerse. Los brazos dejan de responder, las piernas se sacuden involuntariamente, la vista se empieza a nublar y la desesperación empieza a aparecer.

No hay nada que hacer, el sabor metálico en la boca lo confirma, ya no puede ver la herida, ya no puede si quiera mover la cabeza. El asfalto deja de sentirse helado, el pecho deja de arder, el frío desaparece. Pero la desesperación se queda.

En segundo ya no siente nada. la vista …

Esperando

# esperandoLa desesperación de estar aguardando la llegada es insoportable. Sobre todo cuando no se sabe la hora del arribo. No se si llegaras siquiera, y sin embargo aquí sigo esperando a que aparezacas, con tu dulce sonrisa que ne hace perdonarte todo.Pero mientras llegas el pensamiento principal es "no te interesa" y pese a ello aquí sigo aguardando. Mi paranoia me hace justificarse con pensamientos catastróficos. Un accidente, un asalto, un lo que sea. Pero mi pesimista exclama "No le importas". Y aquí aguardando permanezco. Mirando el pasar de la gente. Escudriñando con mi corta visión entre las manchas lejanas en búsqueda de tu silueta. Pero nada. La espera me mata lentamente.Caras pasan y me miran mirarlas. Mares de gente se deslizan entre los corredores y mi corazón espera que alguno seas tú y mi cabeza conspira en tu contra entre la tragedia y el rencor.Permanezco, imapciente, pero permanezco en la espera de tu llegada. Una parte de mi sabe que al llegar n…

Epiz

# EpizElla estaba sentada al otro lado del bar. Sus ojos carmesí me miraban fijamente, su sonrisa maquiavélica me invitaba a acercarme. Sin embargo ahí estaba yo detenido por el miedo mientras sostenía mi vaso de ginebra.La miraba jugar con su collar de perlas blancas y me perdía en el pronunciado escote de su vestido color violeta. Era hermosa, tentadora pero a la vez atemorizaba.—no deberías pensarlo mucho— dijo el hombre a mi lado. No me habia percatado de su llegada. Me sentí apenado al saberme descubierto en mi impúdica observación.—Se llama Epiz, viene cada semana y se queda tomando sola— comento con cierta tristeza en su voz; o al menos eso me pareció a mi.—Nadie se atreve a acercarse— agrego mientras tomaba su copa de nartini y daba un sorbo.—animate, no te arrepentirás— concluyó con seguridad. Volteé un segundo a ver a la dama y el caballero desapareció. Pensé un segundo más, me tomé la ginebra de un trago y camine decidido a cambiar mi vida.—puedo— dije al llegar a su lado, …