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End Time


Era un día cualquiera, levantarse a las  cinco de la mañana, lavar los trastes de la noche anterior, poner el boiler, cortar fruta, desayunar, bañarse, arreglarse, salir al trabajo.

La rutina le estaba matando pero no sabía como escapar de ella. De hecho no sabía si quería escapar de ella. La ventaja de la rutina es la estabilidad, la desventaja es que te mata lentamente. Pero todo mata.

-lo sentimos pero por una obstrucción en la vía la marcha del tren será lenta.

La voz metálica y pregrabada sonó por el parlante del metro. Nisiquiera se inmutó, hasta eso entraba en la rutina. Llegó cinco minutos tarde al trabajo, nadie dijo nada, preparó un café con dos de azúcar y tomó algunas galletas de la bandeja comunitaria. Suspiró al llegar a su lugar, el monitor le exigía su clave de empleado para iniciar. Dudó unos segundos antes de teclear. Una misteriosa fuerza le decía que era ahora el momento.

-respira

Se dijo a si mismo y tecleó la clave de seis dígitos alfanuméricos. La pantalla inicio con las tablas a llenar. Tomó los formatos de su bandeja de entrada y empezó con el vaciado de datos. La rutina seguía ganando.

-Buenas

La voz monótona de la mujer lo distrajo un segundo de la tabla que llenaba en silencio. Bajó los auriculares que cubrían sus orejas, esbozó una sonrisa falsa y profirió.

-una barra energética y un refresco de cola.

La mujer dejó lo ordenado y tomó el dinero que el chico le ofrecía. La rutina se mantenía. Continuó con su trabajo hasta las dos de la tarde. Miró el reloj y salió hacia el comedor en el cuarto piso. Pidió una comida corrida, sopa, arroz, guisado, frijoles y gelatina. Se sentó lo más alejado de todos y sacó una vieja libreta.

Entre suspiros y sonrisas leía lo escrito en las hojas. Recuerdos de un pasado lejano donde todo parecía perfecto. Historias, rayones, dibujos y una nota "te amo". Un suspiro salió de él, guardó la libreta y llevó la bandeja bacía a su lugar.

Al llegar al elevador un nuevo pensamiento lo hizo detenerse unosnsegundos "sal de aquí". Lo ignoró y entró en el aparato como cada día, dentro había un hombre con traje, no le presto importancia.

-Hola Raíl

El que pronunciara ese nombre le hizo saber que todo cambiaría. Miro al hombre, un joven de cuando mucho 25 años vestido de gris plomo, ojos grises, cabello plateado, piel blanca. Le reconoció de inmediato.

-Let

Alcanzó a decir mientras las puertas se cerraban y al moverse el ascensor hizo un estruendo antes de precipitarse al vacío.

Comentarios

Karlos F. ha dicho que…
Oh wow, tuvo una nueva visita del chico muerte, me supongo... =P

¡Super bueno el cuento de hoy! esos finales que sabe usar usté muy bien jovenazo...

Saludos...

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