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Epiz

# Epiz

Ella estaba sentada al otro lado del bar. Sus ojos carmesí me miraban fijamente, su sonrisa maquiavélica me invitaba a acercarme. Sin embargo ahí estaba yo detenido por el miedo mientras sostenía mi vaso de ginebra.

La miraba jugar con su collar de perlas blancas y me perdía en el pronunciado escote de su vestido color violeta. Era hermosa, tentadora pero a la vez atemorizaba.

—no deberías pensarlo mucho— dijo el hombre a mi lado. No me habia percatado de su llegada. Me sentí apenado al saberme descubierto en mi impúdica observación.

—Se llama Epiz, viene cada semana y se queda tomando sola— comento con cierta tristeza en su voz; o al menos eso me pareció a mi.

—Nadie se atreve a acercarse— agrego mientras tomaba su copa de nartini y daba un sorbo.

—animate, no te arrepentirás— concluyó con seguridad. Volteé un segundo a ver a la dama y el caballero desapareció. Pensé un segundo más, me tomé la ginebra de un trago y camine decidido a cambiar mi vida.

—puedo— dije al llegar a su lado, refiriéndome a si podía sentarme a su lado. Ella sonrió y con suano gentilmente me invitó a sentarme.

—me llamo..— el protocolo me incitó a presentarme pero ella se negó, me indico que guardara silencio con un dedo en mis labios.

—sin nombres— profirió de sus dulces labios. Me sonrió y empezó a contarme de una larga vida de viajes y aventuras. Su vida me pareció fantástica, rayando en lo irreal. Pero me limité a escucharla y reír cuando ella lo hacía. Había algo en sus palabras que me invitaba a quedarme y escucharla toda la eternidad.

—Eres adorable— comentó después de horas de escucha, el local estaba casi vacío y el sol empezaba a salir en el horizonte que se dislumbraba por los ventanales del bar.

—debemos marcharnos— se levanto y sin preguntar siquiera la acompañe tomándola del brazo —llevame a casa— agrego al subir a mi carro. Colocó el destino en el gps del carro. En el camino se recostó en el asiento y poco a poco se fue quedando dormida.

La contemple de reojo hasta que casi estábamos en el destino. De golpe un carro se me cerró, un imprudente que tras el susto continuo su camino. Volteé a ver la y para mi sorpresa en su lugar solo había una nota.

"gracias por una bella noche"

Rezaban las palabras escritas en la tarjeta blanca. Tenia el gps aun marcando el destino, no me había percatado el destino estaba a cien metros, el letrero decía "cementerio municipal"

Ahora cada semana regreso al mismo bar a la misma hora con la esperanza de Volverla a encontrar.

Comentarios

Karlos F. ha dicho que…
Orale, este también es de mi estilo... jeje

Igual por ahí anda un typo que incluso hace que, si uno es mal pensado (que lo es!), se imagine otra cosa... jaja

Saludos...

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