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Mondargón (Prologo)

La presente historia no es apta para todo el público, contiene escenas de sexo y lenguaje no apropiado para menores de edad. Así como ser de toque homoerótico y por ende dañar susceptibilidades. Favor de considerar esto antes de leer.

Mondragón

-Prologo-

Las manos recorrían el pecho del chico, que aun cuando se resistía al contacto debía admitir que esas manos tocando las partes más sensibles de su torso empezaban a despertar sensaciones en su cuerpo. Las manos bajaron por su cintura y un escalofrío subió por su espalda, debía encontrar la forma de escapar de su captor antes de que fuera tarde.

Un gemido escapo involuntariamente de sus labios mientras sentía sus mejillas colorarse por la exploración de su intimidad. Su captor le miró con una perversa sonrisa. Una sonrisa que le decía sin palabras que era inútil tratar de detenerlo. Las amarras en sus muñecas eran incomodas, lo suficientemente apretadas para evitar cualquier escape, pero no tanto como para causarle daño.

—Serás mío Dijo el captor que se regodeaba de la incapacidad de hacer algo de aquel chico. Presionó la virilidad del joven quien pese a todo trataba inútilmente de escapar. El cuerpo delgado y blanco como leche se tensó en un escalofrío de placer involuntario. Los labios se juntaron sin pensarlo, y sin quererlo o desearlo estaba contestando un beso robado.

—Te gusta El captor se burlaba del chico que empezaba a ceder a las caricias y a la pasión.

—Es mejor si colaboras Leo Mondragón, el chico cautivo miró con sus ojos azul celeste a los ojos marrón de su captor el General Reyes. Cómo había sido posible que el hijo del hombre más rico del pueblo quedara a merced de un hombre como Reyes. Un hombre que nunca había trabajado por nada, simplemente había aprovechado las oportunidades como se iban presentando.

Las tierras de los Mondragón se extendían del valle hasta más lejos de los cerros visibles a simple vista. Eran dueños de todo lo que los de la comarca conocían. El pueblo entero les rendía tributo. Cuando la revolución llegó creían que las cosas cambiarían, pero siendo cercanos del Presidente fue cuestión de días para que la poderosa familia se viera protegida tras un ejército de la federación. Todo permaneció igual hasta la llegada del General Reyes.

—Suéltame Gritó Leo al recuperar la conciencia, no podía ceder ante aquel hombre, pero las caricias le impedían pensar con claridad. Trataba de no concentrarse en los dedos que jugaban con su miembro, pero todo intento parecía inútil.

—Mira niño lindo, desde que llegué a este páramo y te vi me he estado aguantando las ganas de tenerte Habló el general mientras masajeaba el miembro del joven de diez y siete años de edad que se retorcía entre la frustración y el placer.

—Ahora que tu padre no está y que estoy a cargo no iba a desperdiciar el momento Finalmente, mientras el General hablaba el joven, este no pudo más, su inexperiencia y las caricias lo llevaron al orgasmo estallando en las manos de aquel hombre de piel trigueña torneada por el sol y la vida del soldado.


—Ahora me perteneces Sentencia el General.

Comentarios

Karlos F. ha dicho que…
Ah caray, tenía usted razón jovenazo, el relato esta fuerte y si así es el prólogo, quien sabe como vendrá la continuación, eda?

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